martes, 28 de octubre de 2008

Anita

Anita, una amiga de mi mamá y mía era una señora por demás simpática y agradable. Muy buena y claro, divertidísima. De haber escrito un libro antes de morir, estoy segura de que hubiera sido un best seller y que inclusive, su biografía sería un cuento muy ameno de leer.
Yo sé muy poco de lo que pasó. Siento que toda su vida la vivió al límite, quizá porque siempre dijo que moriría pronto a los 54 años, lo cual se cumplió; aunque no creo que haya querido que su profecía se cumpliera.
Sólo me acordé de ella hoy. Al escribir este post mi intención era otra, muy muy diferente.
Pero bueno, dejó una marca en la historia de mi familia. Es más, creo que la vida de mi ma cambió al no tener su consejo y su compañía cerca al sentir la ausencia de Anita a causa del cáncer.
Me alegra haberla conocido, se aprende mucho de alguien que luchó por lo que tiene. Que quiere y acepta los baches de la vida y los va esquivando con la cabeza fría y con el corazón en la mano.
De veras, hoy feliz me acuerdo de Anita.

martes, 7 de octubre de 2008

Y yo no hago nada...

Es terrible darme cuenta que estoy totalmente desmotivada y que, peor aún, no hago nada para remediarlo.
- Son las 2 de la madrugada y me encuentro hablando por teléfono con la cara empapada de estar llorando como cojuda porque no le encuentro sentido a mi vida y porque siento que todo lo que intento hacer se va a la mierda.
- Son las 9 de la noche y me abrazo al oso marrón en medio de la calle, tan fuerte como puedo, el objetivo es taparme la cara... quizá de mí misma, quizá de él. Creo que es más que nada la vergüenza de sentirme tan absurdamente cobarde. Una vez más creo yo soy en mi vida un barco sin timón.
- Llego a casa después de día y medio fuera... la conversación fue irremediablemente un sermón de madre a hija. Pero siento que esta vez igual que las de los últimos meses... yo he perdido la razón que me respaldaba.
- En el trabajo todo es igual, soy un robot. No hay mucho de sensación ni pasión en lo que hago y hay momentos en los que las ganas de hacer mucho más se estrellan con mi desgana y frustra. Pero una vez más no hago nada.
Sólo dejo expuesto este vacío para que quede constancia de este momento en que no hago nada y lo reconozco.