Son cerca a las 7 de la noche y tomo un taxi luego de retirar un poco de dinero.
Ando turbada porque las conversaciones telefónicas que me inducieron a ir a mi destino son un tanto confusas. Ando a la defensiva... como siempre que ando en un automovil.
Subo al taxi y trato de entablar una conversación pues en el apuro no me percaté de que estaba chocado el auto. Busco ver si es un buen tipo. Hablo del tráfico y de la ruta. Me habla de como la gente -como yo- abusa. Me pregunta sobre a donde vamos pero no sé el nombre de la calle... sólo el nombre del lugar, el dijo conocerlo.
Al ir avanzando me pongo un poco de maquillaje.
Odio maquillarme en el camino pero no puedo evitarlo... me gana la vanidad y me impulsa esa conversacion por el teléfono casi amenazante a mis ganas de hacer y mi sentido de propiedad... sobre algo que es mío sólo con el nombre.
En fin, vamos andando por la avenida del Ejército y mis ojos casi se cierran.
Es primavera y usualmente el clima es fresco y hasta a veces frío... pero esta noche está muy templado y me agrada. Trato de sacame la casaca mientras prendo un cigarro.
Ya en el camino el conductor se quejaba... había errado en la tarifa, pero no era mi culpa.
No quizo tomar la ruta que yo indicaba y entonces me puse muy nerviosa.
Andando ya noté que no me llevaba hacia donde quería llegar.
Se hacía tarde y no sólo el hecho de demorar me fastidiaba, sino también me entraba el miedo por lo desconocido. Se escucha tanto de secuestros y robos que me proyecté imaginariamente en como sería estar atrapada.
Siendo claustrofóbica, el hecho de estar presa me eriza la piel.
Sacudo la cabeza y levanto la voz llamando la atención del conductor.
Lo obligo a tomar la ruta que le indico. No lo hace.
Luego de un rato hablo con la misma persona de hace un rato... le digo que tengo miedo, que no me gusta donde estoy, que no sé como llegar.
Me cuelga, no entiendo porqué.
Estoy a punto de llorar... molesta, fastidiada, impotente, desconcertada y, sobretodo, dolida.
Fuerte aún exijo que me deje en un lugar cercano a mi destino.
Llegamos a un punto en que se estaciona y me insulta... me obliga a bajar del auto.
Estoy temblando y mientras se acerca a mi en pose amenazadora voy retrocediendo hacia un hombre parado cerca a la acera. Es un parque, pero es la única persona.
Se detiene cuando comienzo a devolver los insultos, no sé cómo... pero se detuvo...
Yo sigo temblando.
Busco llamar una vez más a mi interlocutor pero no atiende a mis sollozos. Sólo me cuelga una vez más.
Sigo caminando, entre iracunda y aterrada. Soy fuerte me repito cien veces temblando.
Estoy en un lugar seguro pero unas mujeres extrañas en la calle... me insultan, me agreden... sigo caminando hasta que por fin encuentro al interlocutor... entre aliviada y molesta dejo que me abrace... caminamos entre discutiendo y llorando... entre discutiendo y respirando.
Me da paz y explicaciones.
Me da tranquilidad y desesperación.
Me hace bien.
martes, 18 de noviembre de 2008
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3 comentarios:
Espero que no te haya pasado asi como lo contas
Muy interesante todo tu blog.
Lo encontre navegando por internet. De mas esta decir que pasare seguido.
Soy de Buenos Aires, Argentina.
Abrazos!
hola kassandra bonito blog
nos vemos
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