martes, 13 de enero de 2009

Maniático celoso


Me llama a las 7am, media hora antes de la hora en que debo despertar para contarme su día y esperar mi relato correspondiente al suyo en contenido.
Llego a clases. Debo, al menos, timbrar al celular para avisar que "llegué bien". No darling, no me fui con el panadero, el lechero o el carnicero. Menos aún con mi compañero de clase quien es gay, aunque no lo quieras creer.
Termina la clase, debí haber enviado al menos un email en el break... lo siento amor... lo olvidé.
A la hora de almorzar debo contestar el celular. No te preocupes mi vida, si me atoro, los Servicios Médicos quedan justo al lado de la cafetería.
En la biblioteca, junto a mis amigos debo -al menos- escribir un mensaje avisando la hora y lugar donde nos encontraremos en la noche.
Oh... es la hora pactada. Lo siento mi vida, cometí el pecado de tomar cinco minutos más despidiéndome de los amigos.
Buenas noches mi amor, es la última frase que debo decir desde mi cama a través del celular.

martes, 18 de noviembre de 2008

Y ahora ando en taxi

Son cerca a las 7 de la noche y tomo un taxi luego de retirar un poco de dinero.
Ando turbada porque las conversaciones telefónicas que me inducieron a ir a mi destino son un tanto confusas. Ando a la defensiva... como siempre que ando en un automovil.
Subo al taxi y trato de entablar una conversación pues en el apuro no me percaté de que estaba chocado el auto. Busco ver si es un buen tipo. Hablo del tráfico y de la ruta. Me habla de como la gente -como yo- abusa. Me pregunta sobre a donde vamos pero no sé el nombre de la calle... sólo el nombre del lugar, el dijo conocerlo.
Al ir avanzando me pongo un poco de maquillaje.
Odio maquillarme en el camino pero no puedo evitarlo... me gana la vanidad y me impulsa esa conversacion por el teléfono casi amenazante a mis ganas de hacer y mi sentido de propiedad... sobre algo que es mío sólo con el nombre.
En fin, vamos andando por la avenida del Ejército y mis ojos casi se cierran.
Es primavera y usualmente el clima es fresco y hasta a veces frío... pero esta noche está muy templado y me agrada. Trato de sacame la casaca mientras prendo un cigarro.
Ya en el camino el conductor se quejaba... había errado en la tarifa, pero no era mi culpa.
No quizo tomar la ruta que yo indicaba y entonces me puse muy nerviosa.
Andando ya noté que no me llevaba hacia donde quería llegar.
Se hacía tarde y no sólo el hecho de demorar me fastidiaba, sino también me entraba el miedo por lo desconocido. Se escucha tanto de secuestros y robos que me proyecté imaginariamente en como sería estar atrapada.
Siendo claustrofóbica, el hecho de estar presa me eriza la piel.
Sacudo la cabeza y levanto la voz llamando la atención del conductor.
Lo obligo a tomar la ruta que le indico. No lo hace.
Luego de un rato hablo con la misma persona de hace un rato... le digo que tengo miedo, que no me gusta donde estoy, que no sé como llegar.
Me cuelga, no entiendo porqué.
Estoy a punto de llorar... molesta, fastidiada, impotente, desconcertada y, sobretodo, dolida.
Fuerte aún exijo que me deje en un lugar cercano a mi destino.
Llegamos a un punto en que se estaciona y me insulta... me obliga a bajar del auto.
Estoy temblando y mientras se acerca a mi en pose amenazadora voy retrocediendo hacia un hombre parado cerca a la acera. Es un parque, pero es la única persona.
Se detiene cuando comienzo a devolver los insultos, no sé cómo... pero se detuvo...
Yo sigo temblando.
Busco llamar una vez más a mi interlocutor pero no atiende a mis sollozos. Sólo me cuelga una vez más.
Sigo caminando, entre iracunda y aterrada. Soy fuerte me repito cien veces temblando.
Estoy en un lugar seguro pero unas mujeres extrañas en la calle... me insultan, me agreden... sigo caminando hasta que por fin encuentro al interlocutor... entre aliviada y molesta dejo que me abrace... caminamos entre discutiendo y llorando... entre discutiendo y respirando.
Me da paz y explicaciones.
Me da tranquilidad y desesperación.
Me hace bien.

martes, 4 de noviembre de 2008

Para F... Segunda Parte

Cuando escribí acerca de mi insufrible e imposible amor por F todo quedó ahí... luego vinieron otras ilusiones pero siempre quedó el bichito por F... siempre ahí como una piedrita en el zapato.

Y claro... que me ibas a hacer caso si eres irremediable y adorablemente GAY.

Churro, atletico, amable, inteligente...ah... un sueño... y... GAY.

Y es que tus finas maneras debieran haberte delatado, así como tus detalles y supongo que hasta esa forma de mirar, entre cómplice y cazador.
¡¿Porquè?!
Me pregunto:
¿porqué un hombre tan lindo se niega a las mujeres?
Ahora, mi adorado F, que te conozco un poco más puedo encontrar un cómplice más en ti y prometo, con el corazón en la mano, que no intentaré más acercarme a ti como la amiga lesbi o bi que intenta una conversión forzada.
Tampoco, adorado F, esparciré vneno para que te separes de ese hombre tan adorable con quien decidiste pasar un rato en tu vida.
En general, conozco muchos hhombres maravillosos que han decidido, en cierto punto del camino, renunciar a las mujeres y continuar sus vidas con otros hombres.
Conozco otras tantas mujeres maravillosas que han decidido que no ha nada mejor que compartir le vida con otra mujer.
Así, en ambos casos, creo que -en mi afán de encontrar un porqué a sus decisiones- se llegaron a conocer tanto que pensaron que no había nada mejor que ellos mismos.

Pero, vamos F... ¡No peques de egocéntrico! Dale... échame un ojito, una segunda vista.

Por ahí siento una sonrisa interna y pícara.

Porque vamos, querido, fea no soy, te juro que cocino rico, soy ordenada, amable, cariñosa... hay F... si con esta no te convierto... TE RAPTO!!!

Ok ok... se me fue la mano con la incursión subversiva, pero en serio F... eres una gran pérdida para la oferta masculina....

Pero gané un cómplice más.

Te quiero gordo.




martes, 28 de octubre de 2008

Anita

Anita, una amiga de mi mamá y mía era una señora por demás simpática y agradable. Muy buena y claro, divertidísima. De haber escrito un libro antes de morir, estoy segura de que hubiera sido un best seller y que inclusive, su biografía sería un cuento muy ameno de leer.
Yo sé muy poco de lo que pasó. Siento que toda su vida la vivió al límite, quizá porque siempre dijo que moriría pronto a los 54 años, lo cual se cumplió; aunque no creo que haya querido que su profecía se cumpliera.
Sólo me acordé de ella hoy. Al escribir este post mi intención era otra, muy muy diferente.
Pero bueno, dejó una marca en la historia de mi familia. Es más, creo que la vida de mi ma cambió al no tener su consejo y su compañía cerca al sentir la ausencia de Anita a causa del cáncer.
Me alegra haberla conocido, se aprende mucho de alguien que luchó por lo que tiene. Que quiere y acepta los baches de la vida y los va esquivando con la cabeza fría y con el corazón en la mano.
De veras, hoy feliz me acuerdo de Anita.

martes, 7 de octubre de 2008

Y yo no hago nada...

Es terrible darme cuenta que estoy totalmente desmotivada y que, peor aún, no hago nada para remediarlo.
- Son las 2 de la madrugada y me encuentro hablando por teléfono con la cara empapada de estar llorando como cojuda porque no le encuentro sentido a mi vida y porque siento que todo lo que intento hacer se va a la mierda.
- Son las 9 de la noche y me abrazo al oso marrón en medio de la calle, tan fuerte como puedo, el objetivo es taparme la cara... quizá de mí misma, quizá de él. Creo que es más que nada la vergüenza de sentirme tan absurdamente cobarde. Una vez más creo yo soy en mi vida un barco sin timón.
- Llego a casa después de día y medio fuera... la conversación fue irremediablemente un sermón de madre a hija. Pero siento que esta vez igual que las de los últimos meses... yo he perdido la razón que me respaldaba.
- En el trabajo todo es igual, soy un robot. No hay mucho de sensación ni pasión en lo que hago y hay momentos en los que las ganas de hacer mucho más se estrellan con mi desgana y frustra. Pero una vez más no hago nada.
Sólo dejo expuesto este vacío para que quede constancia de este momento en que no hago nada y lo reconozco.